Intentar
Tu deberias estar aquí. Y cómo te lo voy a decir... si estoy libre y atada, atada y vacía. Se me escapa la ilusión y se me llena la cabeza de ideas estúpidas. Yo solo quiero comenzar de nuevo.
Tu deberias estar aquí. Y cómo te lo voy a decir... si estoy libre y atada, atada y vacía. Se me escapa la ilusión y se me llena la cabeza de ideas estúpidas. Yo solo quiero comenzar de nuevo.
Es la decisión correcta que desde el comienzo sabía que tenía que tomar. Que ingenua al pensar que podía involucrarme sin llevar daños. ¿Qué importa, si estas sola? me dije. Y confiada en mi natural autocontrol pensé que no me afectaría tanto. Estaba acostumbrada a ser yo la primera en fastidiarme, en querer seguir mi camino. Y es lo que haré, no porque quiera hacerlo, sino porque tengo que hacerlo.
Una fiesta, un carro bonito, un hermoso rostro y cuerpo, una botella de vino, una chispa de pasión y deseo, una exagerada individualidad, una noche, una estrella fugaz, un condón, una sonrisa forzada, un orgasmo fingido, un beso reprimido, una hoja de papel vacía.
El amor no está de moda... y a mi me gusta ir contra la corriente.
Ayer pasé a recordar estos barrios, es increíble como mi tiempo libre se va recortando cada vez más... y no pude evitar sorprenderme el hecho de que hace dos años me registré en esta página (o al menos eso dice en mi perfil). Leí a viejos compañeros de camino. Unos han hecho un trabajo excelente en su blog, con ese toque de picardía y buen humor que uno siempre busca como relax después de una ardua jornada, para matar los ratos de ocio, o para reencontrar cyberamigos con los cuales se ha establecido una conexión especial y no tan especial (que para todos los gustos hay). Otros han madurado, han pulido su escritura y se han concentrado en mimar su blog con esmero. También están aquellos que sólo han dejado el recuerdo o hace mucho no escriben nada, quizas sean de los míos, de los que nos dedicamos a leer, aprender, y pasar sin dejar huellas...
En muchas ocasiones he pensado en darme de alta ¿para qué tener un blog que no actualizo? dale, dale, que no tienes tiempo para bobadas, olvidate de esto que más adelante tendrás tiempo para dedicarte a disfrutar. Pero ¿y si mañana muero atropellada?, ¿y si todo se derrumba o más adelante descubro que no era lo que esperaba, que el sabor de la meta alcanzada no era tan dulce como yo esperaba?. Por eso estoy de vuelta, a dar mucha lata, como antes... como me gustaba... como siempre...
LA MUERTE
Tomad mi sangre.
Tomad mi mortaja y
los restos de mi cuerpo.
Fotografiad mi cadáver en la tumba, solo.
Y mandad las fotos al mundo,
a los jueces y a las personas
con la conciencia limpia.
Mandadlas a quienes tienen principios, a los justos.
Que ellos carguen con la culpa, ante el mundo,
por esta alma inocente.
Que ellos carguen con la culpa, ante sus hijos y ante la historia,
por esta alma malgastada y limpia,
por esta alma torturada a manos de los "protectores de la paz".
Del libro: Poemas de guantánamo
Sé por experiencia propia que presidentes con gran popularidad no son siempre sinónimos de cambios positivos. No me emociono mucho, pero muy dentro de mi corazón, la esperanza, aunque empañada, no ha muerto.

El blog Memorias de una Bruja fue un experimento para ver hasta donde podía llegar mi creatividad. Ahora, es preciso cerrar el ciclo para seguir otros caminos. Con una sonrisa y el recuerdo de todas aquellas personas que he conocido en el trayecto: apredizajes, amistades, risas, diversiones, fastidio y alegría.
Por ahí nos veremos... aunque la cafetería sea distinta
Hoy has sido mío,
a cada bocado te he sentido,
con cada gota de sangre,
me has pertenecido.
Sin miradas desviadas
por culos perfectos,
ni cuernos con la vecina
esa puta sin cerebro.
Hoy te he querido:
encantador empanada,
dulce guiso,
guapo ceviche,
sexy con salsa agridulce.
Y te he perdonado
por cada paliza,
mientras te cortaba en trozos.
Amor mío,
tu aroma
es un canto de sirenas,
y mi estomago
pide clemencia.
Cuando tenía once años recuerdo un día que mi curiosidad me llevó a jugar y escarbar en el viejo cuarto-depósito de la casa. Un estante lleno de libros de mi madre era lo que ocupaba casi todo el lugar, me dirigí hacia él y comencé a leer los títulos hasta que una edición ilustrada de la Iliada llamó mi atención. Debo confesar que lo leí más interesada en las imágenes que en la historia, porque de esta, no entendí en aquel entonces un carajo, pero ver los guerreros con extrañas armaduras y aquellos (pensaba yo) cepillos en los cascos, era un aliciente para descubrir lo que ocultaban aquellos exóticos dibujos. Fue la primera vez que tomé un libro y lo leí de un tirón.
De ahí en adelante, y para sorpresa de mi familia -que a excepción de mi madre no eran aficionadas a la lectura- me convertí en la típica niñita a la que todos ven rarito por siempre llevar un libro en la mano, y de las que echa espuma por la boca cuando la interrumpen en medio de una apasionante historia. Era la combinación perfecta para mi tendencia natural a estar sola. En aquel entonces, tenía un miedo terrible a querer, porque lo que más amaba se había ido y si yo no sentía apego por nadie no iba a tener más nunca aquel fastidioso nudo en la garganta que acompañaba mis noches.
Descubrir libros era para mí, la misma sensación que alguna niña fresa siente en una tarde de compras. Más que una afición era una necesidad: leer, leer, leer... estaba obsesionada. Los extremos nunca son buenos, y la lectura fue una excusa para escapar de todos los problemas por los que estaba pasando: no pensar en mi vida, no sufrir, no llorar, no enfrentarme con el espejo. No fueron buenas razones para convertirme en lectora, pero como goce aquellos días de despreocupación.
Muchos años después, comencé a escribir cobrando una deuda pendiente. Si la lectura fue una excusa, la escritura fue un escape. Todo lo analizaba en el papel, me estaba dibujando como realmente era, se estaban revelando facetas en mí que desconocía, es una bonita forma de hacer introspección o catarsis o como quieran llamarle. Pero, la escritura autobiográfica te limita a sólo verte y proyectarte, limita tu imaginación porque sólo cuentas cosas de ti, hay que ser muuuuuy bueno para no caer en la monotonía y no aburrir al lector, y muy pocos somos Indiana Jones para tener montones de aventuras diarias que contar, incluso, hasta Indiana tiene días libres en los que seguro deseará acostarse en un chinchorro, dormir, comer y eructar.
El verdadero escritor es aquel que inventa, crea, transforma, revoluciona, dibuja y te hace sentir el protagonista de su historia. Pero antes de escritor, se debe ser un gran lector. Decía Borges: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído." ¿Cómo se puede ser profesor de historia, si antes no has leído sobre ella? La escritura y la lectura van de la mano, y si tuviera que elegir entre las dos, elegiría la última.
Para mí, la escritura no es una necesidad; no me despierto pensando en un cuento que voy a escribir, ni en el próximo post de mi blog. No tenga una musa infatigable, ni me interesa - salvo en contadas ocasiones- pasar una semana escribiendo un cuento, por una razón muy simple: no tengo la disciplina para ser escritora, al menos no ahora, puede que sea muy joven y haya mucha algarabía a mi alrededor. Prefiero una noche leyendo, que escribiendo.
Pero admiro a todos aquellos que han pasado largas noches en vela por el amor a las letras, aquellos escritores no reconocidos que tienen trabajos impecables guardados en la mesita de noche, y que las tendencias de las editoriales o las últimas modas-best-seller no le permiten salir a la luz porque no encajan, los que con amor miman sus blogs, los confidentes que nos regalan un pedacito de su vida.
Todos ellos, escritores de vida.
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Una bruja intentando explicar su alrededor, a travéz de relatos y anécdotas, unas cuantas recetas, hechizos y pócimas... quizás también algo de su vida (eso para los ratos aburridos)
Nota: el presente blog no es una bitácora, cualquier parecido con la realidad de la autora es mera coincidencia.
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