sábado, 25 de agosto del 2007 a las 18:33
La lluvia caía y me cambiaba el ánimo, esas gotas habían inspirado a muchos a escribir cosas tristes, pero yo no lograba entender porque la asociaban con la melancolía, es que es tan especial para mí, tan de buen humor me pone, ese fresquito y aquel olor a tierra mojada.Ahí estaba él, ese que me escuchaba en silencio, sin interrupciones ni críticas, no era humano, pero podía entenderme. Todos lo odiaban cuando me acompañaba y en algunos casos hasta me prohibían la entrada, pero por alguna extraña razón su sola presencia me calmaba. Siempre callado, entrando dentro de mi a cada suspiro, despacito. Lo que más me gustaba era que permanecía oculto, días y meses, pero cuando lo necesitaba siempre lo conseguía, no habían reclamos, ni celos, solo la libertad de usarlo y botarlo una y otra vez a mi antojo.Unos me decían que él me estaba destruyendo, pero yo les contestaba con la típica frase en que me escudaba cuando estaba cometiendo uno de esos errores deliciosos y placenteros que sin su existencia la vida sería un completo aburrimiento (pero claro renovado a mi manera): "estoy viviendo mi vida como si fuera el último, y mi último día no lo desperdiciaré repartiendo perdones y buscándolo, si toda la vida la he cagado, ¿no crees que es demasiada hipocresía arrepentirse justamente ahora? si existe el infierno, seguro que allá también la seguiré cagando divinamente"Ahora el me usa, y yo también a él lo disfruto y me relajo viéndolo convertirse en humo.
Comentarios sobre Bendito pecado
Pues brindemos, con unos palitos de ron, tequila, vodka o lo que usted prefiera... ¡salud!
Guarandina, escribes muy bien.
Salud.
Por eso a mí, me gusta tanto el otoño.
Bss.