Doppelgänger
Si existen las alegrías deben haber tristezas, como el bien y el mal o el ying-yang.
Resignada, me di el gusto de utilizar la herramienta más eficaz para los fracasados, le abrí las puertas a la melancolía, revolcándome en la nostalgia, quitándo los candados que custodiaban mis culpas y remordimientos. Algunos dicen que es como levantarse con el pié izquierdo, ¿por qué el izquierdo? recuerdo haber leído que el ser zurdo en algunas antiguas civilizaciones, era presagio de malos augurios. Sería algo parecido, porque ese día estaba hecha trizas.
Salí a dar un paseo para despejar mi mente, caminar siempre me hacía bien, pero ese día todos me miraban, aunque eran sólo desconocidos, sentía como me transformaba en una mosca dentro de un plato de leche. No lo entendía, pero así me sentía.
Aceleré el paso, con destino desconocido, mi mente, mi cuerpo, me llevaban. Debía ir (¿pero a donde?), era el momento (¿de qué?), me esperaban (¿quienes?)
Me detuve en un edificio que jamás había visto, subí las escaleras, segundo piso, pasillo derecho, tercer apartamento. Abrí la puerta y me asombré de la claridad que imperaba en la habitación, con cuatro pequeñas mesas en cada esquina, cada una con un jarrón en el centro, lleno de flores. La primera que observé eran margaritas amarillas, luego vi los claveles rojos, los tulipanes y las orquídeas más hermosas que he visto en mi vida. El ambiente estaba impregnado con la mezcla de los olores florales, solo había dado dos pasos cuando no pude seguir, paralizada cerré los ojos y me dejé llevar por esas sensación de paz y sosiego que tanto necesitaba. Un poco más recuperada, mis ojos fueron adaptándose a ese ambiente y di algunos pasos más, el olor era tan exquisito y alucinante.
Inspeccioné con más detalle el lugar y caí en cuenta que no estaba sola. Al fondo de la habitación, de espaldas, veía su silueta. Al acercarme el olor comenzó a cambiar, de ricos aromas florales a inmundicia y putrefacción. Mientras mi estomago se revolvía y aguantaba las nauseas, me fui acercando.
Entonces, ella se dio la vuelta, pudiendo mirarla y mirarme. Como mi reflejo en el espejo, pero con ojos serenos. Me tomó de la mano, mientras el olor nauseabundo aumentaba y me dijo:
- Es tu alma lo que hueles... forman parte de ti y de mí, somos todos.
- Y las flores, cuando entre, ¿por qué cambió el aroma? - le dije, señalando las flores que ahora, para mi sorpresa, estaban marchitas.
- Siguen allí, siempre estarán... forman parte de ti y de mí, somos todos.
- ¿Mi alma es tan desagradable?
- No, es su ausencia... forman parte de ti y de mí, somos todos.
Enfurecida y asustada, me alejé mientras le gritaba, ¡vete al infierno! quería alejarme lo más rápido posible. Pero la escuchaba, no pude escapar del eco de sus palabras.
El infierno... forma parte de ti y de mí, somos todos.

