El recinto
La mañana transcurría con normalidad:
Llegar, transcribir, llamar, almorzar, llamar, trascribir, salir
Llegar, transcribir, llamar, almorzar, llamar, trascribir, salir...
La frialdad del recinto, queda enmarcada en un diálogo espiritual:
- ¿Cómo estás querida?
(pues verás, tengo cuentas que pagar, llego a mi casa el tiempo justo para descansar un poco y dormir, observo a todos pasar y hacer la misma estúpida pregunta, pero lo peor, es que hace meses que no tengo sexo como diós manda)
- Muy bien y a ti como te va.
(ayer choqué el carro, no tengo listo el informe para el Sr Rodríguez que debe estar por llegar, tengo dos nuevas arrugas, y para rematar a mi esposo hace tiempo se le terminaron las pastillitas, encima, la pendeja esta me pregunta que como me va)
- Bien, llevándola, ya sabes, en la lucha.
- Claro, pa'lante amiga, hay que ser agradecidos, otros desearían estar en nuetro lugar.
(Seguro, todos los del manicomio de la ciudad)
- Por supuesto, yo siempre doy gracias a los santos por mi salud y rezo por todos.
(Claro, también he incorporado a la lista: que me aumenten el sueldo y que al inutil del Manuel le crezca 5cm más)
- Haces bién, siempre te ves tan alegre y optimista.
(es que no me has visto en la cola del banco, o después de la faena con el "Manuelito"... depresión de las buenas)
- Por supuesto, intento alejar las malas energías, cuestión de actitud.
(Después de todos los cachos que te han montado, es lógico, lo que queda es pura buena actitud)
- Te dejo amiga, debo seguir en mi trabajo
(A enterrarme en montones de papeles, claro como ella es la perfecta, con su burbujita rosa de cristal)
- Yo igual
(Mediocre)
- Adios
(Insípida)
Cada quién siguió su camino, y el aire, quedó cargado de puras buenas vibras, con la dulce amabilidad que emanaban.

