Hechizo
Hace frío. Me aprieto a él, tiritando. Es la primera vez que tengo que soportar un clima tan vehemente. Los fines de semana en la playa, la universidad, las normas y aquella rutina, ahora es tan lejana... En cambio, ahora debo soportar este maldito invierno, gris, melancólico y lento. Él, con una risita histérica me detiene y señala un semáforo rojo, no entiendo su necia sonrisa y me lanzo a cruzar la calle.
Al volver la mirada atrás, con los frenos y gemidos de sorpresa como música de fondo, le veo, rodeado de magia roja que se extiende por el suelo. Su cuerpo ejerce un magnetismo tenebroso, y al acercarme, se va dibujando un hermoso cuadro de bufón frustrado. Irónico el cobrar vida cuando esta se nos escapa. Irónico que él esté tan guapo con su mirada estática, y su helada sonrisa, y me confirme la belleza de la muerte estúpida. Escucho que me preguntan si le conozco... Sonrío, y niego con un gesto. Él nunca dejo que me adentrara en su alma, pero era un cuerpo lleno de calor. Eso me recuerda el frío que siento, intento controlar los escalofríos y maldigo su egoísmo ¿ahora quien me abrazará? otro cuerpo me aleja de él, sigo mi camino, y observo otros cadáveres llenos de vitalidad. Tantos otros, que el frío deja de preocuparme. Ingenuo él que me amarraba con su suplicante abrazo, ingenua yo que le creía insustituible.
Al llegar, la música estridente y los danzantes ojos vacíos, siguen imperturbables. Situada en la barra les veo, mientras el trago de vodka tarda, el frío regresa y una mano caliente sigue el camino entre mis muslos. Su dueño me mira con conveniente ternura mientras se relame los labios. Necesito calmar las nuevas ganas de llorar, él me hipnotiza con su mirada y toma mi mano dibujando una línea con polvo mágico que acerca a mi nariz... todo es perfecto: el vodka, la noche hechizada, el nuevo abrazo caliente y las manos que indagan mis restos... vuelvo a ser feliz.

