Y aquél no fue un día normal...
Iba pensando en lo absurdo de su vida, mientras miraba sus pies que intentaban hacer un esfuerzo para no mojarse más en los charcos que acababa de dejar la lluvia. El corazón lo sentía chiquitito, y ese maldito nudo en la garganta que empezaba a no poder soportar. Los hombres no lloran ¡carajo!, se decía, en un intento estúpido por calmarse.
Caminaba y caminaba sin rumbo fijo, observando el lento transcurrir de la ciudad mojada y llena de ese olor a tierra mojada que le recordaba aquellos amaneceres en el campo. Recordaba su soledad, su cama vacía, su trabajo aburrido y poco motivador, sus amistades tan cercanamente lejanas y esa sensación de solo dejarse llevar como un espectador en esa tonta película que algunos llamaban vida.
¿Por qué seguir?, ¿para qué seguir?, ¿tenía algún caso esos intentos de continuar con su vida?, se sentía tan desgraciado, tan desesperado y abandonado que no se había dado cuenta de la lluvia que empezaba nuevamente a caer, buscó refugio en un agradable café y mientras pedía uno bien cargado, cayó en cuenta de que nadie lo extrañaría, si ahora mismo muriera, por ejemplo, de un infarto. ¿Sería capaz de dar un paso tan decisivo?, ¿tendría la suficiente sangre fría como para acabar con su vida?, ¿eso le importaría a alguien?.
Sus reflexiones fueron interrumpidas por un pequeño jalón que le daban en los hombros.
- Hola- le dijo ella, con la sonrisa más encantadora que había visto en su vida.
- - Te conozco (diablos, que original soy)
- - No lo creo, estaba observándote desde hace rato, ¿te pasa algo?
- - Si, bueno no, esteeee, me pasaba, pero ahora no, ahora estoy bien.
Y se contagió de su sonrisa, y ya nada más importaba, solo conocer a la interesante mujer que se le había acercado, quizás era un estúpido, ni siquiera conocía su nombre, pero era tanta la energía esperanzadora que emitía esa chica, que solo quería vivir, escuchar su voz y volver a creer, necesitaba urgentemente volver a creer.
