De pactos y otras tracalerías
Lucía creía que su vida no tenía sentido. Había pasado los últimos años intentando ser la mejor, olvidando sus propios deseos. Cuando estaba sola sentía un vacío incómodo en el pecho y entonces se lanzaba a la búsqueda de nuevos proyectos con los que rellenar los espacios en blanco.
Un día le conoció por casualidad, lleno de silencios y serenidad. Le agradó no tener que pasar la velada escuchando, como era costumbre en sus citas, todas las hazañas del otro. Él era muy reservado y divertido y ella volvía a ser feliz. Intoxicada de deseo, aparcó las inconformidades y se lanzó a disfrutar el momento: Vivamos el presente.
Sabía que el sentimiento era provisional, maduraba en íntima camaradería o se extinguía. En cambio, su vacío seguía innerte, esperándola, ganando puntos por acumulación, riéndose cínicamente de los débiles parches con los que ella intentaba curar su corazón.
"No se puede querer a un ángel, si antes, no haces un pacto con tus demonios"

