Rulto
Como regalo de Cumpleaños, mi hermano me trajo un perro. Cuando alguien preguntaba la raza del animal, solíamos bromear con una “raza desconocida” que llevaba por nombre: crica = criollo + callejero. Nunca supimos de donde salió, mi hermano solo lo vio deambular por las calles y como andaba corto de dinero, pensó que vendría bien como regalo. Le colocó un lazo y se salió del compromiso para el hermanito fastidioso. Era un perro extraño, desde pequeñito tenía una mirada fiera y en guardia. Pero cuanto te conocía, era tan dócil y manso que era imposible no encariñarse.
Las primeras semanas fueron terribles. Rulto, se ponía tan inquieto por las noches, que en varias ocasiones tuve que levantarme a las tres de la mañana, a hacerle algo de leche tibia y con tetero en mano, parecía el propio marica cuida perros, dándole comida. Así nos fuimos uniendo, cada mañana al abrir la puerta, encontraba al perrito dormido tras ella o bien ladrándome muy contento, moviendo su colita, pegando brincos y mordiendo mis sandalias.
Con el paso del tiempo, Rulto se volvió un perro formidable, hermoso, imponente. Un punto a mi favor, cuando salíamos a pasear y chicas muy guapas se paraban a observar, jugar o hablar conmigo sobre “mi perrito tan tierno” lo cual siempre me pareció algo sarcástico. Rulto era enorme y a simple vista podía inspirar miedo.
Siempre he pensado que las mujeres están algo locas, quizás por ello, esa monstruosidad de perro les causaba ternura, y yo, que siempre he sido algo insípido y flacucho, casi llegando a un simple ñinguita tiquismiquis, lo que ahora llaman un hombre profundo, tierno y sensible, pero un fracaso para las citas, nunca releve en importancia, a no ser que fuera “el dueño de un perro precioso” Lo admito, Rulto tenía un poder de seducción con las mujeres y las perras del vecindario, envidiable.
Aquel día, me fui a un bar cercano y en compañía de mi “fiel corcel” pedí una cerveza. Un trago para mí, otro para Rulto. Ese perro era igual de sinverguenza que yo, pero más guapo y exitoso. Miré rápidamente el lugar y me fijé en la bonita chica sentada junto a mí. Intentamos con nuestro viejo truco captar su atención y en voz alta le dije ¿Cuál es la chica más bella de este lugar? Y el perro siguiendo mi mirada se sitúa junto a ella y le da unos cuantos ladridos. Sorprendida y algo sonrojada, larga una carcajada y le da unos cariñitos a mi perro, luego se voltea y me pregunta: ¿Cómo se llama esta lindura?
Ese fue el comienzo de mi relación con Laura, dos años de matrimonio y una sentencia de divorcio hace poco. Ella se encariñó tanto con Rulto, que el día de la separación de bienes, me puso a un lado y llamándolo, le pregunto ¿él o yo? Entonces, el perro sin voltear a mirarme, se le fue encima lamiéndola cariñosamente. Es el último recuerdo que tengo de él.
Con maletas en manos, dejando a mi hogar atrás, seguí mi camino más solo y vacío que nunca. ¿Saben lo que se siente esa horrible sensación? Era un guiñapo, pobre diablo, fracasado y para rematar, sin perro que me ladre.
A los pocos días, Laura me llamó muy asustada y llorando.
- Es Rulto, lo mordió – dijo.
- ¿De qué hablas, mujer?
- Rulto, coño, Rulto, se lanzó a mi cama y lo mordió, ahí, ahí, y él ahora se está desangrando. Oh por Diós, fue terrible, es una bestia, con razón te gustaba tanto, maldita la hora en que me quede con ese perro, maldita la hora en que te conocí – y trancó el teléfono con agresividad.
Hoy fue el entierro de Rulto, todavía me es difícil aguantar las ganas de llorar, como el marica cuida perros ¡feliz! que siempre fui. Al final me di cuenta que es el único verdadero amigo que he tenido. No pude hacer nada para evitar que lo sacrificaran. Dijeron que arrancarle a mordiscos el pene a un hombre, es un acto que no merece perdón.
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