SEXY (las dos caras de la moneda)
Era un día como cualquiera, Carmen, comenzaba la rutina mañanera levantándose de la cama, directo al baño, cepillado, una ducha rápida y aún, como pollito remojado, miraba el closet decidiendo que se pondría hoy. Tomó al azar un jeans, una camiseta negra combinada con unas zapatillas del mismo color. Un pelín de maquillaje para quitar la palidez de su rostro, cabello suelto (le encantaba ese look natural, que la hacia verse algo salvaje) y en eso estaba cuando su hermana entró en la habitación.
- Carmen, por favor, esa camiseta te hace ver gorda.
- No estoy gorda, es solo exceso de sabrosura.
- En serio, quítatela.
- Ni lo pienses.
- Y para rematar, vas a utilizar esa cartera anaranjada, ¿se puede saber en que te combina?
- ¿y se puede saber en que te combina a ti la cara con el trasero?
- Eres insoportable, solo quería prevenirte de hacer el ridículo, has lo que te de la gana.
- Siempre lo he hecho querida.
Carmen, miró su reflejo en el espejo, sonrió y se tiró un beso, no necesitaba que nadie le dijera lo hermosa que era, ella misma lo sabía, lo demás era puro complemento. Salió al trabajo, caminando con la firme seguridad que solo una persona que se conoce muy bien puede tener, contoneando las caderas y con gran serenidad, levantaba un "no se qué" a su paso.
Con sus 5 kilos demás y poca estatura, Carmen sabía aprovechar los puntos a su favor, ese era el secreto del por qué todos al mirarla pensaban en lo arrebatadoramente sexy que ella siempre era.
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Este día seguro sería peor que el de ayer, pensaba Carmen, que, como todas las mañanas intentaba decidir lo que se pondría hoy, había tanta ropa, y ella estaba tan gorda, que nada le quedaba bien, su habitación parecía un campo de batalla, el desorden y su mal humor cargaban el ambiente de una desagradable tensión. En eso estaba cuando su hermana entró súbitamente a la habitación.- Carmen, por favor, esa camiseta te hace ver gorda.- ¿En serio?, si, ya se que parezco un barril, pero dime ¿Qué crees se me pueda ver bien?.
- La chaqueta gris (así ocultas los cauchitos), el pantalón blanco, sandalias del mismo color, con la cartera negra, para que haga un buen contraste.
- Perfecto, gracias, no sé que haría sin ti.
Y así Carmen haciendo caso del consejo de su hermana, pronto estuvo vestida, mirando el reloj se dio cuenta que otra vez volvería llegar tarde al trabajo, tanto era su estrés que llego despeinada y con una cara de tragedia por lo horrible que se veía.
Sus compañeros al verla decían por lo bajito: “tan bonita que era Carmen antes, ¿se acuerdan? con esas caderotas y ese escote que lo dejaban a uno sin aliento, ahora está tan flaquita que pareciera que un leve viento acabaría con ella y ella siempre está tan triste y demacrada que da una lastima la pobrecita”



