Resignada, Laura se dirigió a la mesa de estudio de su habitación, tomo una hoja, un papel y comenzó a escribir:
Querida Mamá
¿Se supone que así debe comenzar una carta, verdad?, debes conformarte con este principio, soy fría y creo que eso lo heredé ¿o aprendí? de ti. El motivo de esta carta es una explicación, si, quiero confesarte el por qué de mi actitud tan extraña que siempre te ha dejado llena de dudas. Primero que nada quiero aclararte que soy una persona completamente normal, porque después de todo ¿quién marca la pauta de lo que es normal y lo que no? soy una chica como cualquiera, con sus inseguridades y sus alegrías, a veces infantil, otras no tanto.
Desde niña he tenido siempre una sensación muy curiosa de todo lo que me rodea, es como si no estuviera sola, aún en los momentos en que me consta que así es. Y es que es difícil poder describir lo que siento, recuerdas esa frase: lo ví con el rabito del ojo, pues algo así. Madre, espero que no creas que estoy loca (y esta confesión pase a ser la prueba exacta de mi anormalidad), pero eso es lo que siempre pienso cuando volteo y veo cosas, no sé, como personas que se escurren, sombras escapando. Al principio me asustaba y tú veías con el ceño fruncido como tapaba las ventanas, cerraba puertas y escondía espejos, entonces seguramente te convencías que eran manías de niñas o adolescentes, ¿no es así madre?, al principio como te decía me asustaba y salía corriendo y te abrazaba ¿te acuerdas? y tú me decías que no fuera miedosa, que no había nada allí, que solo era producto de mi imaginación, ay mami, ese argumento todavía a estas alturas no puedo rebatírtelo con firmeza porque mi cabeza sigue llena de dudas.
Cuando por fin me acostumbraba a mi extraño ¿don?, ¿cualidad?, ¿defecto? decide tú lo que quieras, empezó la etapa más alucinante, escalofriante y quizás terrible de todo esto: los sueños. Para que me entiendas mejor quiero que hagas memoria y te sitúes en el día aquel en que veníamos del mercado, y yo me puse a llorar cuando íbamos a montarnos en el taxi, mamá lo que tu no sabías es que en aquel momento me embargó una sensación de déjà vu tan fuerte que me asusté, porque recordé que en mis sueños nosotras hacíamos justamente lo que pasó y yo lloraba y tú te molestabas. Sabes que nunca me han gustado los dramas, pero tengo el presentimiento de que en el taxi nos esperaba algo terrible.
A lo largo de estos años desde aquel incidente he venido creyendo en mis sueños y sobre todo en mis instintos, es increíble como esa seguridad que cada día se iba afianzando me ha hecho predecir y evitar situaciones desagradables. Cada día al levantarme tomo nota de mis sueños y reflexiono sobre ellos, algunos son simbólicos otros increíblemente nítidos y reales, ni una sola vez he fallado en mis pronósticos. Querida madre, no se trata de que yo sea uno de esos iluminados que aparecen por la tv, con la estúpida actitud de querer acertar tu futuro por un signo o creando una complicada pirámide de números intentando acertar el número ganador de la lotería, se trata de una sensación, una convicción, una cualidad, un sexto sentido. Es algo que directamente no puedo manejar, solo ocurre, sin yo pedirlo, sin yo buscarlo. Primero lo sueño y luego algo dentro de mí, me indica que está ocurriendo o está apunto de ocurrir.
Ahora paso a decirte la razón de esta misiva, querida madre, ayer tuve el sueño más parecido a la peor película de terror que recuerdes, me veía muerta en mi habitación, rodeada de vidrios y envuelta en un charco de sangre. Cuando desperté (muy triste y asustada) no podía creer que eso me fuera a pasar, ¿tengo en este instante algún motivo real para morir? pensé, mientras me levantaba, y no, no los tengo, no tengo un amor desgarrador, no tengo problemas económicos, ni traumas infantiles y para rematar tengo una salud envidiable.
Pero querida madre, haciendo un poco de introspección y reflexionando sobre mi vida, me doy cuenta que no tengo un propósito a seguir, no encuentro metas que me entusiasmen y mi vida transcurre en un constante aburrimiento. Por eso, solo por aburrimiento, comencé a tomar la idea de mi muerte como algo no tan increíble, incluso en este instante en que mi cuerpo se adormila y las fuerzas me abandonan estoy convencida que así debe ser, estoy conforme y resignada con mi destino.
Solo hay un pequeño detalle que debo aclararte, en mi sueño me veía rodeada de sangre y retazos del cristal del espejo de mi habitación. Eso me dejó pensando y decidí que esa parte me la saltaré, no quiero morir de una forma tan lírica y teatral, odio la sangre. Incluso lo intenté, rompí en pedazos el espejo y viéndome ahora rodeada de ellos, no soy capaz de cortarme las venas, no tengo el valor para llegar a tanto (los somníferos son más efectivos y menos trágicos).
Me despido, reiterando mi cariño a todos.
P.D: los amo, los amo, los amo, los amo, los amo, los amo…
Laura dobló los dos pliegos de papel utilizados y con ellos en mano se levantó de la silla, tan absorta estaba en lo que acababa de escribir, imaginando la cara de su madre cuando leyera la carta y sobre todo en como su cuerpo iba perdiendo las fuerzas, que no vió la gran enciclopedia que había caído al suelo en un descuido, y tropezando aparatosamente fue a dar sobre los pedazos de vidrios del destruido espejo, que en todo su cuerpo se fueron a incrustar. No sentía dolor, quizás porque los somníferos actuaban como una especie de anestesia, y con una sonrisa en los labios, porque la profecía después de todo se iba a cumplir con suma exactitud, sus ojos se fueron apagando.