Mis únicos amigos
Estoy harta de que me hayan obligado a estar en un lugar en el que no me siento a gusto. Tanta gente rara, con comportamientos extraños, a veces se están callados, otras empiezan a gritar haciéndole gala a los apodos que groseramente nos han puesto los encargados de cuidarnos: ¡locos!
Mi caso es distinto, yo soy una chica normal de esas que vivía interesada por la moda, el último grupo que había pegado y tener una cita el fin de semana, se podía decir que era popular y muy querida entre mi gente.
Un día comencé a escuchar gente (porque nadie me convencerá de que son voces imaginarias, ¡no lo acepto!) de todas las edades y razas, gente muy interesante, de mucho mundo, cultas e ignorantes. Conversé con un soldado que estuvo en Vietnam, una prostituta que decía haber tenido sida, una ama de casa infiel, un político retirado, un mendigo, un leproso, un indígena, algunos miembros de sectas satánicas, un vegetariano, un pastor, una monja, un abogado, un delincuente, y con muchos otros más.
Me contaron de lo que habían hecho en vida (solo por si alguno tiene dudas, todos estos personajes estaban muertos, pero por eso no dejan de ser gente) y cada uno me fue diciendo la lección que habían aprendido en su vida. A cada conversación que tenía con alguno de estos personajes, peor me iba sintiendo, la depresión tocó mi puerta y el sentimiento de inutilidad con que manejaba mi vida me hacía sentir culpable y estúpidamente superficial.
Mi familia notó el cambio, como pasaba largas horas sentada en la terraza hablando con ellos, mientras rechazaba invitaciones a las fiestas y discos de moda; mis antiguos amigos comenzaron a alejarse, incluso algunos sentían temor por mí y todo lo que les contaba sobre mis nuevos amigos.
Comenzaron a llegar un desfile de doctores muy encopetados que decían saber la razón de mis delirios, me hacían tomar pastillas y contestar extraños test (aún no entiendo para qué).
Pero yo solo quería que alguien me creyera, me entendiera, me apoyara, que dejaran de verme con esa cara de lástima y compasión, hasta me insultaban a mí y a mis amigos, su paciencia se fue agotando y yo me sentía peor, más sola y desgraciada que nunca. Solo ellos me entendían, me hablaban con dulzura y cariño, escuchaban todo lo que tenía que decir sin interrupciones y críticas.
Ayer vinieron todos a verme, muy preocupados porque no dejaba de llorar, y ¿cómo no llorar, cuando me obligan a estar aquí? ¿alguno de esos doctores saben lo que es pasar todo el día sola con toda esa gente a mi alrededor y conseguir una cama fría y no ver a mi familia? porque los extraño, aunque sean los causantes de mi reclusión en este lugar y me hagan tanto daño con sus palabras. Pero ellos me calmaron con hermosas canciones, me hicieron reír con estupendas historias y velaron mis sueños. Ellos son ahora mis únicos amigos y juré que nunca los abandonaría, hasta que la muerte me uniera más a tan hermosa hermandad.


Quizás un día se anime y escriba una historia de amor increíble sobre perejiles y cilantros, o las divertidas aventuras de una aceituna rellena, o tal vez sean los personajes que ella cree ver en las nubes los protagonistas. Sigo pensando.
Iba pensando en lo absurdo de su vida, mientras miraba sus pies que intentaban hacer un


Sí, hay seres que son realmente especiales, te dán esa fuerza, esa seguridad, ese impetud, el pequeño empujoncito que necesitabas. Lo asombroso es que no son tan distintos, tienen muchos errores igual que tú y que yo, porque todos realmente podemos llegar a serlo. El gran defecto de esta brujita toda su vida ha sido creer que "no podía", pero una cosa es creer y otra cosa es poder.

