Querido diario
Mis páginas eran color rosa, con el olor de su perfume favorito, aunque permanecía en un rincón oculto, sabía que ocupaba un lugar importante en su vida. Yo era su espejo, mientras ella dibujaba su alma yo la iba conociendo y nos ibamos uniendo cada vez más. El recuerdo del sabor de sus lágrimas y sus sonrisas, aquellas cosquillas que me producía el contacto con el lápiz, acompañan mis días, aquí, en el fondo del basurero.



