¿Quién quiere una tajada?
Hoy me levante, con el sincerómetro bien alto. He decidido confesar mi peor defecto: No sé cocinar. Ya en mi casa son acostumbradas las caras largas cuando, peor es nada, me toca cocinar: que si la arepa te quedó cuadrada... que se te olvidó echarle la sal... que si parecen unos 'casco e' burros'... y pare usted de contar la cantidad de adjetivos que he tenido que soportar.
El caso es que, muy animada, intento reivindicarme, ¡hoy preparo el postre! y juro que me va a quedar mollejua . Torta de chocolate, que eso debe ser facilísimo. Aprovechando para estrenarme, una comida familiar, de paso, escuchar opiniones y engordar mi ego con los halagos. Logré encontrar el recetario de la abuela, ya viejito y carcomido, busqué todos los materiales y me puse manos a la obra. Pero resultó que la labor no era tan fácil como yo pensaba, todo esa especie de ceremonia que se arma para ser una simple torta, es algo que escapa de mi ignorante inteligencia. Aparte, con lo exacta que soy, terminé bastante confundida con, por ejemplo: Dos tazas de leche: ¿tazas?, ¿una taza de licuadora o sirve la de café?; una cucharadita de sal:¿cucharadita?, ¿de las soperas o sirven las de postre?; o peor aún: sal al gusto: ¿qué gusto?, ¿el tuyo, el mío o el del que lo escribió?, más abajo me consigo con que hay que batir las claras a punto de nieve, ¡el colmo! lo único que falta es que me tenga que encaramar en el pico bolívar en busca de nieve... ¡puras pamplinas! agarre todos esos ingredientes, y lo de taza por aquí y cucharadita por allá, termino al ojo por ciento, batiéndose en la licuadora, y que se vayan al carajo todos esos cocineros engreídos, que terminan dejándonos confundidos, buscando a nieve y sal-al-gusto, a mí que me hablen de gramos y litros, sino, aténganse a las consecuencias.
La fulana torta, según dice mi abuela, tenía que haber subido, pero como hace una, si le sale una torta humilde. Para rematar resulta que había que engrasar el molde con mantequilla y ponerle un papel, vuelvo, y disculpen el fastidio, pero como hace una, si esa parte de la receta se la comieron los ratones, álguien nace sabiendo en esta vida... ¿no, verdad?. Lo bueno es que el color oscuro de la torta y el menjunje de chocolate que le puse arriba, logró tapar los 3cm de torta que se quemaron, lo que significa que salí airosa de la gran proeza.
La cena estuvo deliciosa, al final nos fuimos a la sala y repartí mi torta con una taza de café, lo único malo fue que a la media hora, me dejaron solita y yo todavía no entiendo por qué, solamente escuchaba aquellos lamentos provenientes del final del pasillo a la izquierda, diciendo: apúuuurate que no me aguanto y otras cosas que por pudor, es mejor guardarse... ¡ingratos!
Lo positivo de no saber cocinar es que te das cuenta de lo mucho que te puede apreciar alguien, porque al principio, siempre, siempre, ese café es una maravilla...
Yo mejor sigo con mis pócimas y hechizos, total, siempre me queda la pastelería de la esquina.




Comentarios sobre ¿Quién quiere una tajada?
besososososososos
Ahora yo tengo la culpa de que los demás no tengan una dentadura resistente ¡faltaba más
!
p.d: chicos les debo una visita, es que ahorita entro no más de volada...
Claro inventas excusas y vale, pero no está mal la idea de hacer una torta como la tuya jaja, así ya no piden más favores.
Se te quiere.
Un beso.